Encerrado en el vacío de la inseguridad, obligado a convivir con el remordimiento, acostumbrado a la insanidad, distraído con esta mortalidad. Te di mi mano y arrancaste mi brazo. Una navaja no asesina los recuerdos. Cerré mis ojos para poder descansar de este cielo negro que se paró sobre mí, y todo lo que quise borrar siguió aferrado a mí. No quiero pasar el resto de mi vida reprochandome que no te pude ayudar como si todo esto fuera tán fácil. Me levanté de mi ataúd de cenizas, que muchas veces ayudaste a limpiar para decirte: estoy muriendo por oír tu palpitar.
(Source: terrible-reflection)
